martes, 1 de junio de 2010

UN PERRO QUE NO TIENE NADA DE HUMANO






La jauría se lanzó furiosa tras el perro sarnoso.

El perro sarnoso corrió desesperado y llorando.

Un chicuelo desmedrado azuzó a la jauría; otro lanzó un certero guijarro al perseguido.

No había donde librarse.
El perro sarnoso ganó terreno, gracias al inesperado encuentro – en la esquina – de la jauría con un auto.

Mas dos perros – uno grande, chico el otro – le dieron alcance al fugitivo que, fatigado, tembloroso, hecho un ovillo, parecía dispuesto a dejarse matar.

Y aquí lo prodigioso: el perro grande olió  a su victima sin hacerle daño alguno, y cuando los demás perseguidores creyeron saciar su injusta saña, él  - generoso – les mostró los colmillos, como diciéndoles: “yo defiendo a este infeliz”.

Sentí ganas de exclamar:

-       Gracias hermano can.

Francisco Luarca.

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